El ejercicio por excelencia en el agua es la natación, sin embargo aquellos que no sepan o puedan nadar han de saber que incluso el acto de caminar en el agua nos permite mejorar la condición física y con ello la salud. No solo mejora el nivel de absorción de oxígeno, sino que además se fortalece la musculatura implicada en el movimiento obteniéndose al mismo tiempo efectos positivos locales y de carácter general, musculares y metabólicos.

El ejercicio físico en piscina va más allá de la natación , se puede andar, saltar, realizar ejercicios rítmicos o utilizar equipamiento que nos permita incrementar el nivel de gasto energético. Cuando la duración del ejercicio se mantiene en el tiempo con una intensidad sostenida y sin deuda de oxígeno entramos en el área de los ejercicios aeróbicos, que son los que nos proporcionan una expectativa de calidad de vida presente y futura.

Los ejercicios aeróbicos acuáticos se han utilizado profusamente como elementos integrantes del proceso de rehabilitación en las más diversas dolencias desde siempre y así sucede en el momento actual, patologías que van desde la artrosis a los más diversos procesos reumáticos, degenerativos e inflamatorios se siguen tratando con todo tipo de combinaciones de baños y aguas a diversas temperaturas.

El ejercicio aeróbico en el agua aumenta el consumo de oxígeno y favorece la adaptación del organismo al esfuerzo, lo cual implica cambios metabólicos tan importantes que afectan incluso al ritmo cardíaco basal, que tiende a descender conforme aumenta la capacidad de absorción de oxígeno.