Una sauna es una sala o habitación con un ambiente muy cálido, pudiendo tener un baño de vapor (sauna húmeda o baño turco) o bien ser una sauna seca (que utiliza piedras u otro material, que se calienta, sin liberar vapor). Es frecuente que a la permanencia en la sauna le siga un baño o una ducha de agua fría, para liberar el cuerpo de toxinas expelidas con el sudor, y un masaje.

La sauna húmeda raramente supera los 60ºC, mientras que en la sauna seca el cuerpo humano tolera fácilmente temperaturas superiores a 80ºC durante cortos periodos de tiempo.

La sauna seca es de origen finlandés (2 millones de saunas para 5,2 millones de habitantes) y esta práctica es muy habitual en Escandinavia, donde la temperatura en el interior puede llegar a 100 ºC y la desnudez es natural y casi obligatoria.

El interior de las saunas secas está revestido de madera y las cabinas de sauna están calentadas por leña o electricidad.

Entre los beneficios de la sauna se encuentran el alivio de los dolores de columna, el aumento de la circulación sanguínea, la hidratación de la piel y desobstrucción de los poros, combate el estrés y la hipertensión… Además de eso, relaja la musculatura, limpia y desobstruye las vías respiratorias, desintoxica y expulsa las impurezas del organismo y combate enfermedades del aparato respiratorio. Sin embargo, la frecuencia habitual o prolongada de saunas debe ser autorizada por un médico, pues ciertas patologías respiratorias y circulatorias no se benefician con la permanencia en un ambiente caliente, así que la frecuencia de uso para las personas que las padezcan no debe superar más que una vez por semana.